viernes, 15 de enero de 2010

Algunas perlas


TRIDUO A SAN FERNANDO


Oración para todos los días

Dios y Señor mío, que os dignasteis serviros de vuestro Santo para el triunfo de la Fe contra los ejércitos agarenos que amenazaban el santuario de nuestra Patria, os doy gracias de lo más profundo de mi alma cristiana y española por las virtudes con que honrasteis a este rey insigne, suplicandoos acierte yo a seguir sus huellas luminosas, y que por su intercesión alcance lo que pido en este piadoso triduo. Así sea.


Oración para el día primero

Mírame en tu presencia, ¡oh Santo Rey!, lleno de confianza en vuestra protección; soy hijo de este mismo suelo que al golpe de tu espada fue rescatado para el Cristianismo y siento como tú las necesidades de mi Patria. Haz por tu valioso poder delante de ese Dios de los ejércitos, de quien es siempre la fuerza y la victoria, que nuestra España querida mantenga por los siglos incólume la unidad de su fé católica, principio de su grandeza, y que en el alma juvenil de todas las generaciones prenda viva la llama del valor cuando se ataque la integridad del dogma y de las buenas costumbres. Tú, que con las armas en la mano velaste con tanto celo sobre esta herencia del Señor, no dejaras de escuchar mis ruegos y harás que esta gracia tan singular descienda sobre todo el Cuerpo de la Patria. Así lo espero de tu poderoso patrocinio.


Oración para el día segundo

¡Oh, glorioso San Fernando! Tú que desde el Cielo has presenciado los grandes esfuerzos de nuestra Reconquista, y la generosidad de la sangre de nuestros hermanos en la lucha fiera contra las hordas del infierno; Tú que con tus ejemplos nos enseñaste la eficacia simultánea del arrojo y de la oración, del deber patrio y de la piedad cristiana, haz fuerza al Dios, en cuyas manos está la suerte de las naciones, para que los principios que impulsaron este Movimiento con todas sus exigencias de Pan, Patria y Justicia, se traduzcan en espléndidas realidades a fin de que todos los hombres y todas las clases, después de glorificar al Señor en esta vida, encuentren su salvación en la otra. Así sea.


Oración para el día tercero

Otro día más vengo aquí, Santo de mis amores, en súplica de otras gracias, completamente seguro de que por tu mediación las he de conseguir. Quiero que este Caudillo invicto nuestro, que, como tú, no ha dado descanso a la mano en las conquistas de la guerra y de la paz, lleno de fe en Dios ante las amenazas del mundo entero por nuestra condición católica, que el Señor le conserve su vida, que siga inspirándole y fortaleciéndole en el régimen de su pueblo y que con esa su sabiduría y prudencia conduzca a España a la más alta cumbre de la prosperidad. Al mismo tiempo te pido, Santo abogado mío, que vuelvas los ojos a todos los que constituyen el Frente de Juventudes, Mandos y escuadristas, para que ante los Ideales de Dios y de España jamás decaiga su espíritu, para que en el servicio y en el sacrificio su puesto sea el primero, para que los años de nuestra juventud en la obediencia y en la disciplina sean la gran siembra que un día estalle en riquísima fructificación. Así sea.


1).- Tomado al azar del librito Hacia Dios, devocionario y directorio de la juventud española, tercera edición, publicado por el presbítero Indalecio Hernández Collantes en 1954, obra, según se indica en la portadilla, bendecida por el Episcopado y aprobada por el Ministerio de Educación Nacional en la Orden del 7 de marzo de 1952.


2).- San Fernando, por si alguien no lo recuerda, fue un gran matador de hombres, eso sí, de hombres del otro bando, del bando de los agarenos, es decir, de los musulmanes, que en aquellos tiempos, de acuerdo con las ideas de don Indalecio, eran los que constituían las hordas del infierno.


3).- En 1954 el Caudillo invicto seguía firmando todos los días su media docenita de penas de muerte. Eso sí, contra aquellos infames que formaban parte, otra vez, de las dichosas hordas del infierno.


4).- Y ahora nos vienen con que se sienten perseguidos por el laicismo y por el relativismo radical. Como si fueran inocentes corderos y no tuvieran culpa alguna de lo que ocurre en el mundo.

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