lunes, 28 de diciembre de 2009

Fragmentos II


1.- Alguien abusa de un menor, comete una ilegalidad, un crimen; se arrepiente, acude a un sacerdote, confiesa su pecado y es absuelto. Qué forma tan sencilla de devolverle la paz a la conciencia.

2.- Ve, vende cuanto tienes, entrega el dinero a los pobres y sígueme. Perfecto: sigamos esta máxima, sigámosla todos: no existe fórmula más dulce para acabar de una vez con la especie humana. Es por ello, sin duda, que los cristianos rectificaron muy pronto a su Maestro. Desde hace mucho tiempo ellos prefieren acaparar con amorosa fruicíón y repartir con exquisita mesura.

3.- Mirad hacia arriba y vedlos, contemplad los vestidos que los cubren, admirad los palacios en que habitan, deleitaros con la delicadeza y la blancura de sus manos y comprenderéis por qué defienden con tanto empeño la necesidad de intermediarios entre Dios y los hombres.

4.- Procrear, procrear, procrear. ¡Y nada más! ¿Y esta dicen que es la expresión más excelsa de la naturaleza humana? Como no son imbéciles, deben de ser cínicos: nada más que procrear es justamente lo que hacen los animales, que se limitan a ayuntarse y a mantenerse castos hasta el siguiente celo.

5.- Ya lo sé: como no saben nada de sexo (al menos, es lo que se desprende de sus votos) confunden el abuso de menores con el amor a la infancia que proclamaba su Maestro. Sin duda, es por eso que los jefes amparan a los abusadores y no los entregan a la Justicia.

6.- Ahora braman como ciervos en celo, pero ¿dónde estaban durante la dictadura franquista, cuando hasta cincuenta mil (/50.000/) mujeres iban cada año a abortar a Londres? Eran, naturalmente, mujeres de alto standing, como se dice ahora. Venían, confesaban a su director espiritual donde habían dejado la carga, recibían la absolución y hasta otra.

7.- No cesan de hablar de Dios, pero lo que de verdad les interesa es la economía.

8.- Veámoslo desde la óptica de sus propios esquemas: el esposo, un cornudo consentido; la esposa, una adúltera consciente, por más que el fecundador fuese el mismísimo Espíritu Santo; y, como fruto, un solo Hijo, para colmo, bastardo, pues fue engendrado fuera del matrimonio. ¿Este es el modelo de familia que con tan soberbia energía defienden los monseñores?

9.- Las guerras entre cristianos como las que se desatan entre musulmanes, por poner sólo un par de ejemplos, prueban que la religión no ha frenado jamás los enfrentamientos entre los seres humanos. Más bien al contrario: ayudan a exhacerbarlos.

10.- Digámoslo una vez más, aunque parezca una verdad de Perogrullo: la Iglesia no acabó con la Inquisición, ni con la tortura, ni con las hogueras, no acabó con la quema de libros ni con la inclusión de los que no le gustaban en el Índice de libros prohibidos. La libertad de la que hoy disfrutamos tan lindamente fue necesario arrancársela y costó sangre, mucha, mucha sangre.

No hay comentarios: